Mi baby blues

El 80% de las madres experimentan irritabilidad, tristeza materna, llanto o ansiedad pocos días o semanas después del parto. La tristeza posparto o “baby blues”es muy frecuente y normal, puede estar relacionada tanto con los cambios físicos (incluyendo los cambios en los niveles hormonales, el agotamiento y las experiencias de parto inesperadas) como con las vivencias emocionales que acompañan al proceso de adaptación al nuevo rol de madre y al bebé.

Mi parto fué maravilloso, con sus complicaciones al final, por mi presión alta, yo debería dar saltos de alegría o al menos eso pensaba…
Primero, la lactancia me costó y mucho, dolorida por grietas, no aguantaba ni que me rozara la ropa. En las noches todo era peor porque no dormía, estaba irritable, cada tetada se convertía en un martirio y lloraba cada vez que me pegaba a la bebé al pecho. Mi esposo comenzó a tener más trabajo y me encontraba sola en casa con dos pequeños.
Me acuerdo que el primer día que llegamos a la casa el se fué a trabajar y cuando cerré la puerta lo primer cosa que me vino a la mente fue “en que me acabo de meter” no sabía por donde empezar y ante la situación lo único que logré hacer fue tirarme a la cama a llorar.

Lo primero que sucedió fue el cansancio de ahí como una bola de nieve que va creciendo conforme baja de la pendiente, no comía lo suficiente porque no encontraba tiempo! o cambiaba un pañal o bañaba a Kiki o tal vez necesitaba ir a hacer pipí. En pocos días ya estaba mal alimentada, mal dormida y mal, mal, mal.

Una semana después… Mi pecho sangraba, extrañaba con locura a Kiki, a mi esposo a penas lo veía en las noches y aquel dolor de cóccix no me dejaba ni caminar. Sucedió lo que jamás maginé que sucedería, comencé a sentirme enojada con mi bebita, no podía creer que una personita tan pequeñita viniera a revolver todo de esa forma. Y llegaron de uno por uno los pensamientos negativos, “no puedo con la lactancia, lo fácil es comprar la lata de formula”, “mi cuerpo quedó tan dañado que me llevará años volver a lo que era” , “Kiki pensará que soy una mala madre porque ya no me siento a jugar con el” “odio mi vida”….

Tenía demasiadas cosas encima y aunque mis amigas comenzaban a decime que buscara ayuda yo no lo hacía. Pasó otra semana y lo mejor que sabía hacer era llorar. Me encontraba sucia pues en el día no lograba meterme a bañar hasta que llegara mi esposo y pudiera meterme a la regadera por cinco minutos, no más, ojerosa por todas las noches en las que no dormía, sensible por todas las hormonas, nunca me imaginé pasar por algo así.  En esa semana se hablaba de separación en la casa, entre reclamos y llanto me sentí asfixiada y acorralada.

Para la tercer semana ya mis fuerzas eran nulas, mi presión arterial estaba peor  y comencé a sentir pánico cuando mi pulso se aceleraba o si tenía alguna palpitación, llegando incluso a pensar que tenía algo malo en el corazón o que estaba al borde de un accidente cerebrovascular. Y seguía sin buscar ayuda, sin contárselo a nadie.
Entonces como no lograba terminar con todas las tareas de la casa, ni con los niños, ni conmigo, empecé sentirme culpable y que no servía para nada yo tan acostumbrada a manejar mi vida con la frialdad de quien todo lo sabe, ahora me mostraba destrozada, débil, muriendo por un abrazo, con tanto miedo que no podía emitir sonido, que lloraba todos los días y todas las noches por no poder reconocerme al mirarme.

Llegó la cuarta semana y debía ir al médico a mi revisión postparto. Todo estaba de maravilla, mi útero ya pequeño, ningún punto que quitar, mi peso ya era el del inicio, había bajado 10 kilos en tres semanas, todo le parecía perfecto. Hasta el momento en que llegó la pregunta “¿cómo te sientes?”
Fatal y comencé a llorar.

El médico recomendó tomara antidepresivos y dejar la lactancia por no ser compatible con los medicamentos. Ahí fué cuando decidí buscar ayuda y también decidí que no abandonaría la lactancia, me aferré a ello. Primero fui al obstetra, luego a una psiquiatra y por último con una psicóloga. Busqué un grupo de ayuda para la lactancia y una terapeuta.

Esta es una batalla que aún no gano, en la que día a día me enfrento y que ahora no me da vergüenza decirlo. Vivo un día a la vez agradeciendo por todo lo que tengo, viendo a mis bebés crecer y dándoles todo el amor, haciendo lo que puedo en la casa, luchando con crisis de ansiedad e insomnio.

Gracias a todas mis amigas que no me han dejado sola, a mi familia que me sigue apoyando y a mis hermosos hijos que son lo mejor de mi vida, sé que pronto todo volverá a la normalidad.

En la actualidad existe una mayor concienciación para el reconocimiento y tratamiento de la depresión en general y la depresión postparto no debe ser una excepción. Una vez que se sospecha la presencia de este trastorno, hay que animar a la paciente para que exprese como se siente realmente tras el parto de su hijo. Si manifiesta sentirse triste, desgraciada, irritable, incompetente, asustada y desinteresada por el bebé, debe aceptarse esto con una actitud comprensiva, no con alarma y reproches. Pero sobre todo buscar ayuda.

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55 pensamientos en “Mi baby blues

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